BEHAVIOURAL SCIENCE · CEREBRO · TABÚ · RITOS

3 tabúes que la pandemia… ¿destruyó? ¿recreó?¿transformó?

Tabú
Del polinesio
tabú ‘lo prohibido’.

1. m. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar.

Usted es quien es por usted (su adn) y su mundo circundante.

Su cerebro es un sistema dinámico. Que cambia constantemente su estructura neuronal para emparejar las demandas del ambiente y las capacidades de su cuerpo.

Solo así puede absorber “el lenguaje local, culturas, modas, políticas, religiones y moralidad”; dice David Eagleman en “Livewired” (2020).

Es más, Usted es -hoy- una persona diferente a la que fue el año pasado en esta fecha.

El año pasado, y los anteriores a ese, Usted consideraba necesario verle la cara a alguien para deducir si era confiable -o no-. Usted entendía que las marcas tenían secretos bien guardados como la fórmula de la gaseosa en Atlanta. Usted evitaba hablar de sexo, religión, o política. Usted cumplía con los ritos religiosos, familiares o corporativos.

Hoy, son tabúes destruídos.

En “A Thousand Brains” (2021), Jeff Hawkins sostiene que su cerebro usa marcos de referencia para construir modelos del mundo.

Una cara descubierta era un marco para la confianza.

En el pasado -en occidente- era norma ver la cara descubierta de las personas. Y el apretón de manos -ese ritual corto para saludar- tenía mucho simbolismo. Ahora cubrir la cara, usar mascarilla y propiciar el alejamiento físico es la nueva norma.

Una cara cubierta es el nuevo marco para la confianza.

Para evitar disgustos, evitábamos hablar de política o sexo o religión. Hoy hablamos de eso y menos. La mayoría de las personas, 60% dice un estudio, sólo hablan de sí mismas. Y cuando van a redes sociales, la proporción (de este solipsismo) sube a 80%.

Hablan de sí y de sus ideas sobre temas que antes… eran prohibidos.

Incluso el presidente protagonizó un video -que circuló en whatssapp- sobre la diversidad del encuentro, defendiendo los derechos de los LGBTIQ+.

En el pasado había formalidad en la comunicación. Unas reglas mantenían la conversación activa. Usted participaba de la eucaristía con fervor, rigurosidad y solemnidad.

Hoy Usted puede asistir a misa por FaceBook, desnudo, mientras toma una ducha.

Esos ritos -y otros- han sido reemplazados gracias a la plasticidad connatural del cerebro; que ha permitido a la especie humana poblar el planeta, aumentar las expectativas de vida y empezar a superar el Covid19.

Usted ya se adaptó.

¿Las marcas se han adaptado?

Por cierto, el consumo de contenidos en redes sociales no tiene la sacralidad de un rito. La transmisión de zoom no tiene los protocolos de una conversación.

Revisar su móvil al levantarse cada mañana no es un rito.

Sentir la urgencia de comunicarse por redes sociales no es un ceremonial. Ni es una norma de etiqueta. Pero ese imperativo por contar su historia hace de los ritos un estorbo prescindible.

Ahora Usted consume cosas y consume emociones. Rápido.

Pero “un consumo sin escrúpulos hace que estemos rodeados de un desvanecimiento que desestabiliza la vida”, dice el filósofo Byung-Chul Han en “La desaparición de los Rituales”.

Ese consumo se convierte en un símbolo que construye su identidad.

Pero si su identidad -su ego, Usted mismo- está definido por sus consumos, cuando deje de consumir ¿dejará de existir?

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR