5 lecciones que la cocina me ha enseñado sobre negocios

La cocina me ha enseñado que usar buenos ingredientes y seguir la receta no garantizan un buen resultado. Como en el branding, todo debe ser una experiencia relevante.

La receta es importante. Las marcas son el resultado de insumo, cantidades, procesos, estrategias y decisiones. Pero esto es insuficiente.

Cualquiera puede tener una fórmula. Incluso tener prescripciones únicas como las de KFC o de Coca Cola. Guardadas bajo llave. Pero estas marcas no construyen su brand equity y ventas sobre el sabor sino sobre una experiencia emocional. Joan Roca decía “No me conformo con dar de comer: quiero crear emociones”.

La personalización de la experiencia de compra genera mejores rendimientos. En Estados Unidos, si buscas un Hyundai por primera vez y entras al sitio web de la marca entonces llegas a un landing page con varios modelos y exploras según tus gustos. Pero si eres un prospecto ya identificado, entonces llegas a una página que te muestra showrooms cercanos a tí y ofertas localizadas. ¿El resultado? Incremento del tráfico en esos locales y mayores probabilidades de venta.

Primera lección: crear emociones únicas (pero nunca cocines estando triste. “Al cocinero triste… le está prohibido cocinar”, dijo Gastón Acurio).

¿Segunda lección? mise en place. En gastronomía significa organizar y ordenar los ingredientes. Medir su cantidad. Tener listos los utensilios. Brandear es como cocinar. Un arte. Pero como dice Nathan Myhrvold, autor de Modernist Cousine, “…todo arte requiere saber algo sobre las técnicas y los materiales.”

Con todo listo, crea. Innova. Usa tu instinto. Confiar sólo en la receta es como promocionar una marca mientras lees a Kotler, Stanton, o Kaplan. Lee los autores y luego adapta tu fórmula a través de prueba y error.

Es cierto que los mejores platos son simples; pero también que comer es un interpretación sensorial completa y personal. El verdadero negocio de la cocina está en la mesa. Dónde disfrutan los comensales. Como en el mundo de las marcas, que está en el mercado. Esta es la cuarta lección. No se disfruta el proceso de cocinar si los comensales no sienten el placer de cada bocado.

Finalmente, el postre. Porque una comida sin postre es como jardín sin flores. ¿Magdalena, muffin o cupcake? Los tres son harina, huevos, azúcar, mantequilla o aceite. Unos más batidos que otros. Magdalenas y muffin casi no se adornan. Y los cupcakes tienen un plus en el precio porque son como magdalenas reloaded. ¿Quinta lección? Cuida la imagen.

Bien dicen que la comida entra, primero, por los ojos.

Artículo publicado originalmente en diario El Universo.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR