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STORYTELLING · COMPORTAMIENTO · COVID19

¿Apostaría al todo o nada?

Salir a la calle, durante el COVID19, es como un juego de póquer.

Es pretender ganar una partida con muchos jugadores e información incompleta. Es apostar fuerte a partir de las cartas que tenemos en mano, de cómo interactuamos con los demás y del bluf.

E igual es el juego de una marca en el mercado.

Ganar, ¿es cuestión de oportunidades?

Con muchos jugadores, las probabilidades de ganar están más divididas.

La información que posee es limitada. Sólo tiene la certeza de la suya -sus cartas-. Conoce que desconoce la de sus oponentes. Y la compartida (o, digamos, la pública) es incierta (podría ser verdad, parcialmente verdad o totalmente falsa -en el caso de la pandemia-).

Y está el bluf. Usted trata de engañar a los demás participantes sobre la calidad de sus cartas. Y los demás, tratan de engañalo a usted y entre ellos.

Aun así, usted juega.

Ganar, ¿es cuestión de azar?

En “The Biggest Bluff” (2020), Maria Konnikova (escritora, psicóloga y campeona de PokerStars), sostiene que no depende de las cartas que nos dan sino cómo las jugamos.

Es común pensar que (los seres humanos) evaluamos racionalmente las decisiones. Es fácil imaginar al consumidor haciendo un análisis de pros y contras antes de una compra.

Pero, realmente, las emociones juegan un rol clave en el proceso de toma de deciciones. Los deseos y los miedos -atravesados por nuestros sesgos cognitivos, experiencias, información contextual- deciden por nosotros.

“…no es un proceso consciente; y no es racional -en el sentido de una base evidencial-“, dice David Ropeik (autor de “How Risky Is It, Really?”).

Y es un proceso individual.

¿Sus cartas son mejores a las mías?

Su percepción de riesgo es diferente a la mía. Pero, generalizando, mientras menos sabemos de una amenaza más amenazante parece; y más estresantes las desiciones que tomamos al respecto.

Como la pandemia en sus inicios.

Las emociones son universales, sostiene Konnikova. Pero cómo usamos esas emociones en el proceso de toma de decisiones es personal.

El miedo a la pandemia era generalizado. Cómo ese miedo afectó los procesos de pensamiento y las acciones de las personas, no.

Con el tiempo, la sensación de control sobre el riesgo de la pandemia se fortaleció.

Luego de los anuncios de aplanamiento de la curva de contagios, las evidentes medidas de bioseguridad, y los controles de los contenidos mediáticos amenazantes, la percepción del riesgo económico superó al riesgo sanitario.

¿Desapareció la pandemia? Evidentemente no.

¿O si en nuestra mente?

Creemos sólo en los problemas que vemos.

No nos gusta sentirnos vulnerables. Y como sostiene Paul Slovic (profesor de psicología de la Universidad de Oregon), “si podemos convencernos -a nosotros mismos- que es otra gente quien está en riesgo, entonces nos relajamos, salimos y nos enfiestamos…”

Y nos enfiestamos.

Entra en juego un nuevo truco cognitivo: el sesgo de optimismo.

Racionalizamos como positivo el que una fiesta de cien personas sólo tenga 30 contagiados. Racionalizamos como menor riesgo el Covid19 frente al hambre. Y las marcas empiezan hacer más de lo mismo porque creen que volvió la normalidad.

No volvió la normalidad.

Y el COVID19 no es un juego de póquer.

Es un juego de suma cero -porque se gana exactamente la cantidad que pierde el oponente- pero, ¡atención!, esta partida al todo o nada es por su vida.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR