Photo by Tom Roberts on Unsplash

STORYTELLING · PERSUACIÓN · COMUNICACIÓN

Compulsión, persuasión y máscaras

En 1842, Graham´s Magazine publica “La máscara de la Muerte Roja” de Edgar Allan Poe.

Un plaga muy peligrosa -llamada Muerte Roja- ataca un reino. Pero el príncipe Próspero decide ignorar la enfermedad y se encierra con mil nobles en una abadía amurallada. Para entretener a los invitados, el príncipe decide organizar un baile de máscaras. Afuera la gente muere por la plaga. Dentro del refugio, una orquesta toca y la gente baila por órdenes del Príncipe.

Muchos gobiernos e instituciones y algunas marcas corporativas son como Próspero del cuento de Poe. Creen que -frente a un problema- es más efectivo usar la coerción para modificar la conducta de las personas. Confunden coerción con persuasión. Se encierran. Y no escuchan.

Su naturaleza humana -la suya- lo lleva a solucionar problemas (percibidos como inconcretos en su mente) con cosas concretas. La naturaleza humana de gobernantes o empresarios los lleva a pensar que cada abstracción -como una pandemia- se soluciona con una manifestación concreta. Mascarillas, gel desinfectante y leyes.

¿Qué tal usar un acercamiento más psicológico? ¿Construir confianza? ¿Ser transparente? ¿Crear lazos con la gente? ¿Escucharlos? ¿Qué tal si Próspero intentaba conversar con la gente que quedó fuera del refugio? ¿Qué tal si encontraban una solución colaborativa?

Volvamos a la historia: Cuando el gran reloj de ébano marca la medianoche, todos ven pasar un juerguista vestido con ropa oscura y manchada de rojo y con una máscara que parecía muerto.

Poe cuenta cómo los invitados -y el Príncipe- se aterran con la presencia de un desconocido.

A la crisis de la plaga, se le sumó una crisis de desinformación.

Como nuestro comportamiento no obedece a leyes físicas, muchos resultados esperados de un estímulo impuesto no se cumplen. O logran resultados opuestos. ¿Ejemplo? La compulsión diseñada desde el gobierno (toque de queda por Covid19) deja de funcionar (16.405 alertas de incumplimiento reportados en el ECU911 desde que inició la emergencia sanitaria).

¿Qué tal si la acción era ejecutada luego de persuadir sobre su conveniencia?

Finalmente, el juerguista con una máscara que parecía muerto es la Muerte Roja. Ha entrado al refugio cerrado del principe. Ha contagiado a todos -incluido al Príncipe- quienes mueren por la enfermedad.

Gobiernos, instituciones, corporaciones, empresas y marcas deben evitar ser como el Príncipe Próspero. O su epílogo podría ser como la última línea del cuento: “Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja tenían un dominio ilimitado sobre todos”.