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Conspiración, fake news & mentiras

Circa 1929 René Magritte pintó una pipa en el centro de un lienzo. Debajo escribió: “Ceci n’est pas une pipe”, que significa “esto no es una pipa”.

¿Era o no era una pipa?

“En el 2022 la mitad de las noticias serán fake news”, sostiene Marc Amorós en “Fake News: La verdad de las noticias falsas” (Plataforma Editorial, 2018).

Un estudio de MIT, publicado en la revista Science del 9 de marzo de 2018, concluyó que la información falsa supera a la información cierta en Twitter. Y el Edelman Trust Barometer 2018 reveló que 63% de las personas no podían distinguir si una información era cierta o falsa.

Pero si las fake news tienen mucho de fake y poco news; entonces, ¿por qué creer en ellas? Y, ¿por qué redistribuirlas, retuitearlas, repostearlas?

Porque mentir es humano -como escribí aquí en marzo-. Porque nos encanta compartir información nueva y nuestra opinión -lo dice Tali Sharot en “The Influential Mind”-.

“Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento”, decía el escritor francés Anatole France.

¿Por qué reenviar una información sin conocer ni validar la fuente?

Malcomb Gladwell en su último libro, “Talking to Strangers”, cita al psicólogo Tim Levine y su tesis de “Truth Default theory” (Sesgo de Veracidad). “Los humanos por naturaleza son confiados, de la gente, de la tecnología, de todo…”, sostiene Gladwell. Por ello, creemos en los demás lo suficiente como para confiar en la veracidad de sus palabras.

Y tiene su justificación en lo evolutivo. Imagine que su detector de mentiras cerebral fuese infalible. “El aire estaría tan cargado de sospechas que probablemente no existiría Wall Street, ni bancos, ni nadie podría contratar un abogado ni emplear a un asistente”, escribe Gladwell. Esa falla en detectar mentiras es el precio que pagamos por vivir en sociedad. Por default, todos los demás son honestos.

Luego, ¿quién produce las fake news?

Un estudio del fact tank apolítico Pew Research Center descubrió que -en Estados Unidos- el 97% de los tuits con contenidos políticos fueron generados por el 10% de los usuarios de Twitter.

Valdría conocer cuál es el status en Ecuador.

Para Magritte la negación de lo evidente (pintar una pipa y decir que no lo es) invitaba a cuestionar la realidad representada. Quiero pensar que las fake news no son ejemplo de pos-modernidad sino de surrealismo social.

Lo que vemos y leemos no lo que es… es lo que vemos y leemos.

Originalmente publicado en diario El Universo

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR