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Periodismo & Libertad

Cuándo la libertad depende del humor

o cuándo esa libertad de expresión depende del Ja Ja Ja

Circa 1937, en pleno regimen de Stalin, un panadero ruso de apellido Orman compartió una con un camarada:

Estoy convencido que, en el 2020, la comedia es la última expresión de la libertad de… expresión.

Algunas vez Gorbachov dijo “”. Y Churchill creía que “”.

Contar un chiste no es -necesariamente- aprobar o condenar a un político, una marca o una empresa. Creo que es un error estretégico cuando una marca (política, masiva, ideológica) trata de eliminar el meme que se burla de una situación que la incluye. Creo que es una torpeza estratégica cuando un gobierno trata de disfrazar un lapsus en un masivo apoyo de trolls.

Las marcas pueden cometer errores… eso las humaniza.

Es más, alguna vez leí que del otro lado del humor estaba el terror. No la seriedad -su antónimo-. Pero Boris Orman fue condenado a 10 años de trabajo forzado en Siberia. Y año-viejos que representan a los políticos ecuatorianos son censurados. ¿Por qué?

Porque la relación del poder con el humor está enervada por un exceso de sensiblería. Del otro lado del humor está el terror (el miedo a la censura, a la falta de likes, a la percepción de imperfección).

Cuando nos reímos en malos momentos, estamos conscientes que el ja-ja-ja no cambiará las circunstancias. Pero podemos cambiar cómo nos sentimos respecto a esas circunstancias. Es como un juego mental, una exploración.

¿Sabían que en Ecuador hay clubes de stand up comedy? Los hay.

¿Un tuit gracioso y ofensivo es comico? No lo creo.

¿Un candidato presidencial puede ser gracioso? Claro que si.

¿Ser chistoso lo hará ganar la presidencia? Claro que no.

Al final de cuentas, como decía Chaplin, “” excepto este artículo.

Pero bueno, esa es mi opinión.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR