MORAL · COMPORTAMIENTO · NEUROCIENCIA

Cuando el carrito del supermercado es la unidad para medir la moral societal

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3 min readMay 21, 2024
“La indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad.” _ Marshall McLuhan

Usted sale del supermercado con sus compras en el carrito.

Usted sube las compras a su vehículo y… ¿devuelve el carrito a su sitio o lo deja allí, en la mitad de todo?

¿Deja el carrito del supermercado ocupando un espacio del estacionamiento… para que nadie más se parquee allí?

¿Empuja fuera de su camino el carrito, sin importa si golpea otro vehículo?

¿Devuelve el carrito de supermercado al super?

Usted, ¿qué hace?

No es ilegal abandonar el carrito del súper por ahí.

No hay castigo por dejar el carrito del supermercado dónde sea.

Tampoco hay recompensa por devolverlo a un sitio específico.

Pero regresar el carrito de supermercado al lugar dónde debe estar es lo correcto.

Usted, ¿devuelve o no el carrito de supermercado?

El caso del carrito del supermercado es un meme para un test de su carácter moral (que se hizo viral circa 2020).

Si Usted regresa el carrito del supermercado a su sitio, entonces Usted es buena persona; si Usted no regresa a su sitio el carrito, entonces es malo.

Usted, ¿hace lo correcto sólo cuando lo están viendo?

Usted, ¿hace lo correcto para evitar un castigo?

Usted, ¿hace lo correcto para recibir una recompensa?

O -más bien- Usted, ¿tiene un compás moral interno?

En “Moral Minds” (2006), Marc Hauser proponía que la naturaleza ha desarrollado el sentido del bien y del mal. Que Usted tiene un modo instintivo de entender cómo deben de ser las relaciones en sociedad y cuál es su papel en ellas.

Usted sabe que el bien y el mal no son categorías absolutas.

Pero el bien y el mal tampoco se fijan arbitrariamente.

Pero ¿un microcomportamiento -como lo que hace con el carrito de supermercado- puede determinar su caracter moral?

Recuerde la escena del Mundial 2022, ¿cuando un grupo de japoneses se quedó -luego del partido- a limpiar el estadio?

Prefiero pensar que muchos comportamientos individuales similares pueden expresar tácitamente el caracter moral de una sociedad.

Ahora, Usted, ¿hace lo que los demás hacen?

Un estudio (circa 2008) sobre normas descriptivas e inductivas -usando carritos de supermercados y hojas volantes- reveló que Usted es susceptible al pensamiento grupal.

Normas inductivas: lo motivan a actuar basado en lo que Usted cree que la gente percibe de Usted.

Normas descriptivas: lo motivan a analizar una situación y actuar imitando lo que hacen los demás.

Los experimentadores armaron dos escenarios: En el primer escenario, en un estacionamiento pusieron a los carritos del super ordenados. En el segundo escenario, los carritos del súper estaban esparcidos por todo el parquedero. Luego pusieron hojas volantes en los parabrisas de los vehículos que estacionaban allí.

¿Qué pasó?

Las mayoría de las personas que estacionaron en el garaje cuando los carritos del supermercado estaban ordenados en un corralito, no botaron los papeles.

Las mayoría de las personas que estacionaron en el garaje cuando los carritos del supermercado estaban desordenados, botaron los papeles al piso y ensuciaron más el sitio.

¿Por qué es importante entender estos microcomportamientos repetidos?

Vanessa Bohns -autora de “You Have More Influence Than You Think” (2021)- sostiene que “subestimamos la influencia que tenemos sobre los demás”.

Toda sociedad tiene unas normas que proveen gobernanza en favor de esa sociedad.

La data sugiere que cuando los microcomportamientos individuales se desvían de un orden establecido, hay una tendencia a desviar toda la sociedad hacia el desorden.

En la medida que individuos de una comunidad empiecen a apelar a excepciones arbitrarias para evitar el cumplimiento de normas consensuadas, entonces todo el grupo social veerá ese ejemplo (y lo seguirá) y lo convertirá en una nueva norma.

No devolver el carrito del super a su sitio abre la puerta a que bote papeles al piso.

Botar papeles al piso abre la puerta al culopropismo.

El culopropismo abre la puerta a la viveza criolla.

La viveza criolla abre la puerta a la corrupción.

La corrupción cierra la puerta a las buenas experiencias democráticas, a los desarrollos comunitarios y a su bienestar.

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Communications consultant, strategist & creator with a twist of behavioral science. En español!