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Esta vez, añadí al artículo comentarios que recibí en twitter y que enriquecen el análisis y la lectura. Gracias Iván, Mónica, Luifer, Alexandra, Alegría, Luis, Ricardo.

Una noche de 1898, Sidney Webb -político socialista, miembro de la Sociedad Fabiana y Secretario de Estado para las Colonias y los Dominios del gobierno británico — escribió en su diario que un librero de Australia le confirmaba que sólo había mercado para novelas baratas. Luego Webb anotó un juicio de valor negativo sobre la cultura australiana.

Porque los libros -la lectura- han representado siempre prestigio, cultura y refinamiento. O sólo status. Séneca, en el primer siglo dC, criticaba a los coleccionistas de manuscritos que acumulaban obras de historiadores y oradores porque “…como lo baños, una biblioteca se ha convertido en ornamento esencial para una casa rica”. Y estudios recientes confirman que la gente asocia la lectura con la capacidad e inteligencia.

La palabra escrita hizo posible la Reforma, la Ilustración, y la Revolución Científica. Y el analfabetismo sigue siendo un estigma. Pero, ¿cómo calificamos que de las 300.000 palabras del español, los chicos de hoy usan sólo 300 -en promedio-?

Hay en nuestro medio lo que Lacan llama la 3ra gran pasión después del amor y el odio, “la pasión por la ignorancia”. Alexandra Landázuri

Leer y la selección de esas lecturas confiere a los individuos una identidad que posee gran significado simbólico, dice el historiador Frank Furedi en “Power of Reading”.

Un libro, como un smartphone, es una herramienta que dice algo sobre quién lo usa en publico. Leer textos del teléfono, en un bar rodeado de amigos, ¿es una manifestación de instrucción? ¿o es un mensaje de “soy importante en el mundo digital y mi atención es escasa”?

Hace un par de años en Mineduc hablando sobre el necesario plan de lectura y el triste diagnóstico de la lectura de medio libro al año en Ecuador, una experta finlandesa explicaba que el problema de los niños en el país, es que NO HAY LIBROS en sus casas.

No ven a sus padres leer, y no hay bibliotecas a su alcance, y las que hay no prestan los libros. Monica Maruri

El contenido semántico de la palabra impresa es relativamente constante frente al contenido semántico del vídeo de 30 segundos en FaceBook. Pero el poder del libro como herramienta tecnológica se ha enervado.

Mis recuerdos de muy chico se centran alrededor de mi abuela materna leyéndome cuentos antes de dormir, y rodeado de la infinidad de libros de la biblioteca de mis padres. La revista Libro Elegido guarda un lugar especial en mi vida. @piedrakoppel

Jim Rohn -padre de la autoayuda- decía: “Las personas exitosas tienen bibliotecas. El resto, tienen televisores de pantalla grande”.

‘Difusión vertical de los gustos’. Bourdieu aplicado al microcosmos de un hogar. @mrjohnkeating

Los libros son nootrópicos con efectos secundarios positivos.

La lectura amplía su vocabulario, mejora su gramática, dispara su imaginación. Leer distrae, enseña, estimula la introspección. Detiene el declive cognitivo del paso del tiempo. “Leer es para la mente lo que el ejercicio físico es para el cuerpo”, decía Addison -ensayista y poeta inglés-.

Lo triste es que hay un diagnóstico y se ha hecho muy poco al respecto.. Esto no es sólo responsabilidad del Estado.. Comencemos a mirar en el interior de nuestras casas. @RicardoSanFir

En palabras del profesor de literatura John Keating: “No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión.”

“Oh captain, my captain.”

Artículo publicado originalmente en El Universo

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR

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