BEHAVIOURAL SCIENCE · TOMA DE DECISIONES · MARKETING · COMPOL

Dentífricos, políticos y la guerra por el control del mercado mental.

En algo somos todos iguales. Todos somos consumidores. Cada día compramos una variedad de bienes y servicios.

Pasta de dientes, gorras, sombreros, el colegio dónde estudian los hijos, el proveedor de internet, ropa, alimentos, la cuenta bancaria, helados, el destino de vacaciones, detergente, el presidente de la República.

Todos los días -también- todos somos diferentes.

Tenemos gustos, rechazos, agrados y desagrados que nos hacen distintos. Sobretodo a la hora de tomar decisiones.

Usted compra el dentífrico A.

Su mejor amigo compra el dentífrico B.

Ambos están convencidos que la marca de pasta dental es vital para tener una buena higiene bucal. Ambos creen que la que escogieron es la mejor marca que hay.

Cada cual evangeliza en favor de la marca que usa.

Usted ha tratado de convencer a su amigo. Que se cambie de marca, ¡porque la suya es mejor!

Él también lo quiso convencer. ¡Porque, carajo, la de él es mejor que la suya!

Y sin embargo, ninguno ha recurrido a fake news. Ni a falacias, ni insultos, ni engaños. Es más, ni siquiera se han distanciado pensando lo peor del otro.

Pero, ¿sucede igual cuando hablan de política?

Más allá de su posición en el espectro político, cuando se trata de defender sus convicciones -partisanas o partidistas- usted guerrea por sus ideas.

¿Por qué defender la elección política es más intenso -incluso hostil- que defender la seleccion de la marca de detergente para lavar su ropa?

Un estudio de Leonie Huddy y Omer Yair descubrió que la hostilidad política en una sociedad no tiene que ver con la civilidad o compromiso político de cada participante.

La (mayor o menor) hostilidad política tiene que ver con cómo se tratan los políticos entre ellos.

¡ Boom !

Su hostilidad política tiene que ver con cómo se tratan los políticos entre ellos.

Y tiene que ver con qué partes de su cerebro se activan al atestiguar -o participar pasivamente- de esas hostilidades.

El balotaje 2021 -en Ecuador- ha sido más mordaz, partidista, cáustico, desordenado, polarizado, que ninguno anterior. La animosidad intergrupal electoral ha rayado en lo absurdo. Potenciada, además, por la pandemia.

¿Cómo resolverlo?

Exigir un compromiso bipartidista no es una opción.

¿Qué pasaría con las demás opciones?

Proponer un nuevo contrato social podría serlo.

Podría, pero… ¿en serio podría?

El estudio (2020) de Huddy y Yair -Reducing Affective Polarization: Warm Group Relations or Policy Compromise?- entre demócratas y republicanos, determina que interacciones sociales cálidas son “una manera más efectiva de reducir la animosidad partidista entre ciudadanos”.

El estudio también determina que -aun- si Usted coincide con las ideas de un rival político eso no reduce su desagrado hacia él o ella. Es decir, es posible reducir la hostilidad política sin sacrificar sus creencias políticas.

Como cuando Usted defiende la marca de la pasta dental que usa.

Usted defiende al candidato marca A.

Su amigo defiende al candidato marca B.

Olvidan el tribalismo incendiario de insultos y amenazas.

Y los categorizan -a los candidatos- como el dentífrico que Ustedes usan.

Fin del conflicto.

Y sus bocas… limpias.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR