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El peligro de ser (todos) propagandistas en una sociedad de propaganda

La esfera pública -ese espacio de deliberación razonada y participación ciudadana propuesto por Jurgen Habermas en “Historia y crítica de la opinión pública” (1962)- ya no critica sus propias tradiciones.

Ni la propaganda fabrica consensos.

Subordina narrativas.

Fabrica disensos.

Además, las esferas pública y privada se han fusionado. El tercer espacio sufrió la implosión de redes sociales, influencers, periodistas actuando como influencers, medios fungiendo de actores políticos, consumidores inconscientes, partidarios, fanáticos, funcionarios públicos, operadores políticos, think tanks patrioteros, opositores chovinistas, incluso Usted.

Todos partisanos de su cámara de eco.

Todos siendo parte de una sociedad de propaganda.

Donde la razón comunicativa es menos racional y más propagandista.

Donde la comunicación política es menos persuasiva, menos usada para facilitar los procesos democráticos, y más propagandista.

¿Propaganda?

La palabra “propaganda” se originó en la Iglesia Católica.

Circa 1622, el papa Gregorio XV, encargó la difusión del catolicismo a la “Sacra Congregatio de Propaganda Fide” -Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe-.

Pero luego de la Primera Guerra Mundial, la propaganda adquirió una referencia más política. Se diseñó para crear consenso colectivo en favor de la guerra… y para desmoralizar a los enemigos.

Los Estados, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, tienen que contar con el consentimiento de la opinión pública si quieren lograr sus proyectos y, de hecho, un gobierno no gobierna si no es en virtud de la aquiescencia pública…” decía Edward L. Bernays.

Bernays, en “Propaganda” (1928), escribió que las personas se comportan de manera irracional si se vinculan las políticas (o los productos) con sus emociones y deseos.

“En nuestra organización social actual la aprobación del público resulta crucial para cualquier proyecto de gran calado. De ahí que un movimiento digno de todos los elogios puede fracasar si no logra imprimir su imagen en la mente pública.”

Y Noam Chomsky en “Media Control” (1991), dijo que las masas era muy estúpidas para entender los asuntos públicos. Que debían -las masas- ser domadas para evitar que ese rebaño desconcertado e iracundo pisotee y destruya las cosas.

En la era moderna, la propaganda empezó a usar desinformación, teorías conspirativas, generalizaciones, el miedo y los medios para instalar narrativas sociales que se adecuaran al poder.

Esto generó más desconfianza, menos participación cívico-política, menos afiliaciones y más desinterés. Los ciudadanos, Usted, se desconectaron del ejercicio crítico político.

Luego vinieron las redes sociales. Blogs, WhatsApp, TikTok. Fake news.

Los partidarios se convirtieron en partisanos.

Los ciudadanos se convirtieron en propagandistas.

Y la propaganda empezó a construir disensos.

Ya no es como “La Sociedad Karaoke” (2006).

Usted empezó a usar sus conexiones de redes sociales para difundir, distribuir, replicar, masificar, amplificar, propaganda.

Cada post se convirtió en un disparo.

Cada historia, una narrativa evangelizadora.

Y cada vez más, las mismas redes entrenando a la sociedad a ser propagandistas.

El estudio “How social learning amplifies moral outrage expression in online social networks” (2021) muestra que los usuarios de las plataformas aprenden a expresar emociones radicales a través del “social learning.” Cuando más indignación Usted lee, más indignación Usted amplifica -incluso si el tema no le molesta- porque más likes premian su post.

#ParaPensar : Octubre 2019, ¿fue producto de vivir esta sociedad de propaganda que genera disensos?

El problema de la sociedad de propaganda es que entiende la política como una guerra fratricida -con vencedores y vencidos-.

Y cambia la perspectiva del sistema democrático.

El problema de la sociedad de propaganda es que entiende la comunicación política como una fuerza en favor del partido gobernante y contra la moral de la oposición.

Conmigo o contra mí.

El problema de la sociedad de propaganda es que la gente vive indignada. Desconcertada. Iracunda. Dispuesta a pisotearlo todo.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR