BEHAVIOURAL SCIENCE · PODER · TRIBALISMO · TIKTOK

Fútbol, erotismo y TikTok, ¿como herramientas del poder?

En 1916 el cirujano inglés Wilfred Trotter publicó “Instincts of the Herd in Peace and War”. Inspirado en las teorías de Gustav Le Bon. Introducía los conceptos de gregarismo y su influencia en la moral societal.

105 años después, Usted es parte de una tribu.

O de varias tribus a la vez. Hincha de Barcelona. Liberal. Youtuber.

Es más, Usted busca ser parte de alguna tribu.

Esta sociabilidad es connatural a la especie humana. Y Usted -constantemente- busca pertenencia y status. El tribalismo le confiere ambas.

El tribalismo es, también, una manera de ordenar la sociedad. Máxime en la cultura del sentimiento que medios de comunicación masivos y digitales consolidan.

Es una suerte de erotismo que busca atraer, seducir, capturar, la atención.

En “Homo Eroticus. Des communions émotionnelles” (2012) Michel Maffesoli, sociólogo francés de la postmodernidad y defensor de la idea de un cambio de época, habla de esto: la erótica social.

…todo es bueno para vibrar conjuntamente. La palabra sería «sintonía», es decir, hay una agrupación deportiva, religiosa… y en esta unión vemos que lo principal es compartir las emociones.”, declaró (Maffesoli) a la revista Métode de la Universidad de Valencia.

Un gol de la Selección es una manifestación de la erótica social.

El fútbol es una herramienta para canalizar el poder de múltiples individualidades vibrando armónicamente en tiempo y espacio.

Como una canción popular en un bar karaoke.

Como lo tenían los tótems de las sociedades primitivas, igual la Selección de Fútbol o la mismidad política.

Usar TikTok tiene -también- una función agregativa.

El problema es la ambivalencia estética y emocional inherente. La divinidad o malignidad expresada en las figuras talladas en el tótem tribal. La simpatía o rechazo por los resultados de once jugadores y un cuerpo técnico. La cuasi-evangelización o la oposición a tesis y funcionarios gubernamentales.

Fanatismos religiosos, histerias deportivas, éxtasis musicales, extravagancias políticas, absolutamente todo está contaminado por la pasión”, ha dicho Maffesoli.

Todo está contaminado por la pasión y por la pasión de compartir las pasiones. Sacrificando incluso la intimidad, la sacralidad de un rito o la majestad de un cargo público.

Como un Secretario de Comunicación bailando en una red social.

O una Ministra bailando en una red social.

Este habitus (aristotélico) conlleva una perspectiva incompleta de la sociedad ecuatoriana. Bourdieu diría que “cada orden establecido tiende a producir la naturalización de su propia arbitrariedad”.

Compartir emociones es una herramienta táctica para comunicar desde el poder. Pero no es poder.

La narrativa del poder, la construcción de la verdad oficial, la agregación de simpatías y enervación de antipatías exige entender el poder desde su perspectiva exhaustiva.

La banalización del poder para lograr un “magnetismo animal” (como proponía Mesmer) podría pasar factura a la imagen y unicidad de la marca de un Gobierno.

Que se haya instalado la creencia que un candidato presidencial creció por su presencia desenfadada en TikTok es miope. Que esa convicción soporte la creencia que el actual presidente ganó la elección por usar la misma herramienta digital es una incompletitud (como el segundo teorema de Gödel). Que ambas creencias construyan un nuevo dogma comunicacional es equivocado. Inmanentista.

No me entiendan mal. Soy un convencido de la necesidad de todo gobierno -nacional, municipal o familiar- de usar todas las herramientas de comunicación disponibles.

¿Usar TikTok? ¿FaceBook? ¿Publicidad en medios masivos durante un partido de fútbol? ¿Presencia de voceros en ruedas de prensa? ¿Cadenas nacionales? ¿Sobremesa en el almuerzo dominical?

La respuesta es sí a todo pero…

Pero cada medio es sólo una herramienta para transmitir un mensaje. Y ese contenido no puede ser el uso del contenedor per se.

La imagen de marca tienen funciones agregativas también. Pero un consumidor -o elector o ciudadano- compra la marca por lo que representa y hace para él o ella (consumidor o elector). No la compra porque tiene presencia en TikTok…

La excitación colectiva no debe ser frívola. Porque no es sostenible en el tiempo. No en el consumo colectivo de marcas. Tampoco en el consumo individual del poder.