“Mañana volveré a la pureza y tú -desde el vicio o la virtud- sólo serás un pretendiente más…

Inocente tragicomedia de la Dēmokratía en Rodauce

1

Había una vez un territorio llamado Rodauce.

Donde la doncella Dēmokratía perdía su inocencia en las calles.

Ille era un voto-investido.

E Illum se pensaba taumaturgo y ungido.

Y los demás, eran los restantes.

Cada día la doncella era manoseada. Ille se jactaba especial. Illum practicaba sus poderes. Mientras los demás presenciaban el espectáculo. Casi sin comer.

Un día, Ille e Illum decidieron seducir a Dēmokratía para llevarla a su cama.

Poco les importó que la doncella se acostara con todos. Con ellos y con los demás. La querían sólo para sí.

Dēmokratía era bella. Hablaba bajo. Olía sierra y océano y Amazonía. Era divertida. Excepto cuando se enojaba; entonces era una hoguera. Vestía la redención.

Ille mostró sus ombligos a Dēmokratía. Illum le llevó un coro luciferino.

Ille mostró su pecho y se retractó enseguida. Illum quiso hacer el milagro de armonizarlo todo pero se estrelló con la realidad.

Tan enfocados estaban Ille e Illum en su misión, que olvidaron a la doncella. Tanbién olvidaron a los demás. Por ello, en Rodauce todo estaba al revés.

Ille dijo: “para dialogar, pregúntame…

Pero Illum le respondió: “Sin acceso al caos verdadero, nunca lograremos la paz…

Mientras, Dēmokratía se les escurría y pensaba: “quizá no soy de aquí”.

Y los demás, estaban de más.

Alineamiento le preguntó a Dēmokratía: “¿en qué lado mío estás?

Alienación le gritó: “¡ puta !

Pasaron tres segundos y Dēmokratía respondió a todos. A Ille e Illum. A los alineados y los alienados. A los Medios. A los demás.

Ella dijo: “no me veas desde tu comodidad. Ni desde tu devoción perversa. No me veas bajo el traje con lujuria . Ni detrás de las sábanas arrebatado de emoción. No me huelas en los gases que lanzan los alcahuetes. Ni me busques en los llamados pacíficos de los neutros. Porque mañana volveré a la pureza y tú -desde el vicio o la virtud-…

… tú, sólo serás un pretendiente más…

2

Dēmokratía era la hija bastarda de Commūnis.

Deheredada por su padre Imperare.

Cada día Dēmokratía retroalimentaba a los líderes de Rodauce. Usando las cualidades retóricas heredadas, hablaba por igual con funcionarios, empresarios, clérigos, academicos, oenegeístas, montubios, medios, indígenas, policías, y los demás.

Las acciones comunican. La inacción, el silencio, también”, decía.

Falta empatía”, decía, “empatía no significa pensar igual que el otro…

Un día Dēmokratía descubrió que los líderes no la escuchaban.

En Rodauce había muchas limitaciones. Los perros no olían el miedo. Las abejas no recolectaban el polen. Y los líderes no escuchaban. A nadie. Sistemáticamente callaban las voces incómodas, excepto por sus propias historias mentales.

Dēmokratía retroalimentó la sociedad durante 14 días y sus noches.

Desesperada inisitió: “dos monólogos no hacen un diálogo...”

Como respuesta, varios grupos opuestos la usaron mientras coreaban su nombre: “Dēmokratía!, Dēmokratía”.

Qué ironía”, pensó.

Incompatibles en el caracter pero coincidentes en los argumentos”, pensó mientras se sentaba a cenar con su madre.

Commūnis podía ser persuasiva. También podía ser disuasiva. Cortejada por Aristóteles y Freud y Ogilvy conocía todas las mañas para lograr cambios de actitud. Sabía que para convencer, debía escuchar.

Escuchó el lamento de su hija.

Finalmente Commūnis sentenció: “igual que en Roma… los líderes con carácter imperial -y los demás, también- creen que la superioridad militar o material o tecnológica les da superioridad moral…”

¿Cómo los seduzco, mamá? ¿Como los uso yo?”, preguntó Dēmokratía.

Con un guiño”, respondió la madre.

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I am a comms consultant, strategist and creator. Writing about commercial, political and brand communications with a twist of behavioral science. En español!

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ANDRÉS SEMINARIO

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