PENSAMIENTO CRÍTICO · TOMA DE DECISIONES · DUDAR

Lo importante es no dejar de cuestionar, dijo Einstein

Yuval Harari, en “21 Lecciones para el Siglo XXI” (2018), sostiene que necesitamos cuatro habilidades para enfrentar el futuro. Las llama las cuatro “Cs”: Creatividad, Comunicación, Colaboración y pensamiento Crítico.

¿Pensamiento crítico?

Usted piensa.

Pero Usted, ¿siempre usa esa capacidad que tiene para identificar, evaluar, analizar e interpretar todas las afirmaciones que Usted lee, ve, escucha, le whatsappean o chismean… antes de considerarlas ciertas?

Son igual de importantes “lo que piensa” y “como lo piensa”.

Por ejemplo cuando alguien justifica un accionar reñido con la ley culpando a sus asesores, Usted, ¿le cree?

Usted, ¿siente que le cree o piensa que le cree?

“He sido afectada por el abuso de confianza de mis asesores, quienes tomándose mi nombre han mal utilizado mis equipos de comunicación personal, teniendo claros propósitos de aprovecharse de sus cargos para beneficios personales”

(Cita tomada del 5to párrafo de carta de Bella Jimenez publicada 22.08)

Digamos que esto una anomalía.

¿Cómo analizar esta singularidad?

Platón usaría la dialéctica.

Sócrates, la mayéutica.

Francis Bacon, el pensamiento crítico.

Más allá de la curiosidad, enojo, daño, vergüenza o decepción, del contenido de la justificación, ¿cuál es el marco de referencia de la situación?

¿Cuáles son los supuestos? ¿Son justificables?

¿Es culpa de la vaca, del destino, del horóscopo, de una conspiración?

“El escándalo creado en mi contra a través de medios digitales y luego difundido en redes sociales, sin fundamentos, sin pruebas, ni responsables directos de lo que se denuncia…”

(Cita tomada del 2do párrafo de carta publicada 22.08)

¿Qué evidencia real existe para soportar la acusación?

Si no hay fundamentos ni pruebas, ¿por qué re-dirigir la atención de culpabilidad hacia quienes habrían mal-usado sus equipos de comunicación?

Si la acusación es falsa, entonces ¿por qué re-dirigir la atención hacia los asesores?

¿Debemos dudar de las afirmaciones de la comunicación?

¿Hay consistencia en los razonamientos de los párrafos?

¿Hay coherencia entre la presunta acusación y la comunicación de descargo?

¿Hay consistencia entre los argumentos y el emisor del mensaje?

¿Es una campaña de desprestigio (primer párrafo), un coup contra la persona cuestionada (segundo párrafo) o un abuso de confianza de los asesores (quinto párrafo)?

¿Por qué el uso -en la misma comunicación- de un par de falacias no formales (ad hominem y ad consquentiam) y una formal (como afirmación del consecuente), validarían el contenido?

“Seguramente la campaña de desprestigio también continuará en contra de la Presidenta…

(Cita tomada del 3er párrafo de carta publicada 22.08)

Si es una campaña de desprestigio, entonces se puede entender que el objetivo sea un coup contra la persona cuestionada. Pero, ¿por qué serían los asesores contratados quienes estarían conspirando?

La comunicación, ¿rechazaría las acusaciones contra la persona cuestionada?

Si la intención era rechazar las acusaciones, entonces ¿por qué culpabilizar a otro(s) sujeto(s)?

Al aceptar el objeto de las acusaciones, pero desviar la culpabilidad hacia otro(s) sujeto(s), entonces ¿aceptaría de manera tácita la realización de los hechos?

¿Por qué aceptar tácitamente el objeto de las acusaciones?

Si el hecho de la acusación existe, ¿sería un acto voluntario?

Si alguien equis habría mal utilizado los equipos de comunicación de la persona cuestionada, ¿por qué sería la voz de esa persona la que se escucha en una grabación?

¿Habrían editado la grabación?

Cuando dice “tomándose mi nombre han mal utilizado…” estaría aceptando los hechos, entonces ¿no hay más involucrados -más allá del círculo de confianza cuestionado-?

Si públicamente dice que alguien de su círculo de asesores se tomó su nombre, entonces ¿sabría quienes fueron?

¿Podría dar nombres?

Y si fueron sus malos asesores los responsables, ¿los debería desvincular de su equipo?

Si acepta la culpabilidad de otro(s) sujeto(s), entonces, ¿no denunciarlos (con nombre y apellido) la harían cómplice?

Si acepta los hechos, entonces ¿no habría sanciones?

¿Alguien más sabía del caso?

Si el hecho es cierto y alguien más sabía y calló, entonces ¿sería cómplice?

Si el hecho es cierto, entonces ¿cui bono?

¿Quién o quiénes serían los beneficiados?

¿El timing de cada elemento -el reportaje, la denuncia, la carta, la destitución, la renuncia- sería el correcto?

Toda esta anomalía, ¿podría ser fake news?

Si el hecho fuera falso, entonces ¿quién o quiénes se beneficiarían con los resultados de un escándalo?

Usted podría añadir más preguntas.

En 1605, Francis Bacon dijo: “El pensamiento crítico es tener el deseo de buscar, la paciencia para dudar, la afición de meditar, la lentitud para afirmar, la disposición para considerar, el cuidado para poner en orden y el odio por todo tipo de impostura…”

El problema es que no tenemos el tiempo, ni el interés, ni la objetividad racional para evaluar -a conciencia- la avalancha de historias diarias.

El problema es que es más fácil creer que pensar.

Hasta que nos llame la atención un nuevo escándalo.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR