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Más maestros y menos maestrías

“Para mí todo empieza y acaba en la educación. Hoy por hoy no se trata tanto de que los niños aprendan a diseñar robots, sino de que aprendan a no parecerse a ellos. Estamos hablando permanentemente de que es importante la codificación, la programación, que los niños sepan de software, y lo que te preguntas es qué pasa con las habilidades sociales, dónde queda el pensamiento crítico o esa capacidad de dudar de las cosas. Hoy la educación se enfrenta a ese gran dilema”. -Andy Stalman, 2017

Más polímatas.

Necesitamos más DaVinci, Galileo Galilei, Shakespeare, Copérnico o Paracelso. Ninguno de éstos considerado genio durante el renacimiento. Todos con un espíritu explorador. Como Colón, otro coetáneo.

El Renaissance no sólo fue el despertar de las artes y el humanismo. También implicó el regreso a los textos platónicos; el cambio en el modelo político feudal; el surgimiento de una clase media acomodada; el capitalismo comercial y agrícola; y el acceso a la educación, patrocinio a la literatura y fundación de universidades.

Del manuscrito al texto impreso y masificado. De la brasa a la energía de fuentes hidráulicas. Del poder basado en la propiedad de la tierra al poder del comercio. Todas, importantes innovaciones desarrolladas por el «homo universalis», como los Medici, Gutenberg o Newton.

Más conocimiento transversal y menos enfoque monotemático fue la primera clave. Más trabajo que genialidad, fue la segunda.

Por cierto, este desiderátum subyace incluso en los avisos de reclutamiento laboral de hoy. “Se busca ingeniero en marketing”, dirá el titular; “con capacidad para el multitasking, teamwork, enfoque multidisciplinario y súper trabajador”, dirá el texto.

Por tanto no es cuestión de obligar a los chicos a ser abogados, doctores o ingenieros; sino técnicos y hombres y mujeres del Renacimiento.

No es cuestión de reducir políticamente el precio de las maestrías; sino bajar el precio de los libros. Y poner libros al alcance de todos es el problema menor… ¿cómo hacemos que los lean?

No es cuestión de sanedrines liderando la innovación o el emprendimiento ciudadano; sino de más -mucha más- gente común comenzando, fracasando y volviendo a empezar.

Es cuestión de crear las condiciones para atraer empresas que hagan I+D en la ciudad.

Obiter dicta: Creo que Guayaquil vive un NeoRenacimiento -como Auckland, Bangalore, Boston, Medellín, o Shenzhen-. Veo discípulos de Shumpeter por doquier. Descubro incipientes, pero firmes, intentos de inversión empresarial en I+D. Veo la administración pública local decidida a crear un ecosistema innovador (¿ejemplo? el Centro de Emprendimiento de Guayaquil). Conozco los esfuerzos de la academia por generar entornos creativos y tecnológicos.

¿Qué falta?

Falta crear el nuevo storytelling para la cultura innovadora de la ciudad.

Falta dinero para financiar las ideas que, supervisadas por tutores (los viejos de la tribu), tengan potencial de generar empleo y riqueza.

Y falta un pacto social. Que todos se involucren.

Porque faltan maestros multidisciplinarios.

Usted, ¿se anota?

Publicado originalmente en diario El Universo

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR