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MARKETING · POSPANDEMIA

Más “shoshin” y menos ilusión de profundidad explicativa

¿Abrir o no abrir?, esa no es la cuestión.

Más allá de las pérdidas de vidas, ingresos y empleos -que los hay-, reside la interrogante sobre el reinicio de (llamemos) la normalidad.

Desde una perspectiva puramente lógica, usted diría que es hora de abrir.

Si un problema tiene una solución lógica, entonces deja de ser un problema. ¿Está cerrado y sólo funciona abierto? Pues, hay que abrir.

Abrir con las debidas precauciones, diría siendo prudente. Pero la cuarentena, con disposiciones más estrictas o no, aun persiste.

Empresas, industrias, fronteras, siguen cerradas.

Si un problema persiste, entonces desafía esa lógica “cerrrar-abrir”. Ergo, marcas y empresas y gobiernos necesitan soluciones menos convencionales -racionales, causales- a las crisis social, económica, y política.

¿Dónde buscar esas soluciones?

En el libro “Mente Zen, Mente de Principiante”, el monje budista Shunryu Suzuki escribió: “en la mente de un principiante hay muchas posibilidades; pero en la mente de un experto hay pocas”. Ese estado mental, en japonés, se traduce como “shoshin”.

Nuestro cerebro está diseñado para decidir emocionalmente y hacer racionalizaciones ex-post. Ha evolucionado para desechar la incertidumbre (o adaptarla). Para reforzar creencias arraigadas -se llama sesgo de confirmación-. Para hacernos creer que sabemos más que lo que realmente sabemos y defender posturas en base a información limitada -se llama ilusión de profundidad explicativa-.

Si mantener negocios cerrados les impide que vendan y generen ingresos, entonces hay que abrirlos. Es cierto, pero parcialmente correcto. En el contexto del dinero es correcto… y, ¿en los contextos de salud o de la gente?

Si mantener negocios cerrados impide contagios, entonces hay mantenerlos cerrados. Es cierto en el contexto de salud pública… pero, ¿los empleos o las ventas?

Pero podemos mantener negocios cerrados para impedir contagios y vender a domicilio. Es una innovación… pero, ¿y los servicios? ¿y los restaurantes y bares? ¿y los clubes deportivos?

La semana pasada proponía “repensar” antes de “reiniciar”.

Ahora, comparto tres ideas para “repensar” el futuro:

  1. El contexto afecta el comportamiento. Su comportamiento. Por ello cambie su narrativa -personal, empresarial, gubernamental- sobre el coronavirus y verá nuevas oportunidades en la crisis.
  2. La humildad intelectual permite aceptar nuevas soluciones porque la inteligencia no es una facultad fija sino que se acumula durante la búsqueda de nuevo conocimiento. Practique la mente del principiante. Practique “shoshin”.
  3. La sociedad es un sistema complicado y complejo. Complicado porque existen muchos actores, con muchos intereses, muy distintos entre sí. Complejo porque todos esos actores tienen muchas interacciones entre ellos. Pues bien. La complejidad se resuelve con más complejidad -dijo William Ross Ashby, neurólogo inglés, hablando de cibernética-. No simplifique las respuestas o soluciones a sólo dinero, o sólo personas, o sólo planeta, o sólo votos.

La mejor manera de evitar sesgos cognitivos y ser más creativos es -al menos por un momento- pensar con la mente de principiante. Practique “shoshin”.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR