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“Bajo sus casi infinitas formas –escribía Roland Barthes–, el relato está presente en todas las épocas, en todos los lugares, en todas las sociedades; el relato empieza con la humanidad; no hay, nunca ha habido un pueblo sin relato”. Así lo cita Christian Salmon en “Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear mentes”.

“Hemos entrado en la era del relato”, dijo William Ryan de Apple. Pero creo que siempre estuvimos allí. Vivimos entre historias. Aprendemos con historias. Ensayamos nuestras interacciones sociales a través de historias que recreamos mentalmente. 92% de los consumidores esperan que las marcas se comuniquen con ellos a través de historias. 65% de nuestra comunicación interpersonal se trata de historias o chismes o rumores (que también son historias). Y repetimos las mismas historias. Como niños.

A los niños les encanta repetir los cuentos. O ver la misma película o jugar el mismo juego una y otra vez. ¿Por qué? Porque así, repitiendo patrones, aprenden habilidades; porque así se desarrollan la lingüística, la narrativa, la comprensión del mundo circundante, el vocabulario, la seguridad, la confianza. Por esto es clave leerles un cuento a los chicos; pero también lo es para los adultos.

Jean Piaget decía que el desarrollo cognitivo es una construcción continua del ser humano. No hay edad para aprender y des-aprender. ¿Quién no ha soñado con ser un héroe? ¿O presidente?
Quien no ha montado dragones, escalado las torres de un castillo y rescatado a una princesa no ha vivido suficiente. Y quién niega soñar con hazañas y superpoderes propios, miente.

Pero como dije, “Mentir es Humano”. El artículo le recordó a mi amigo Iván la novela “El Profesor” de Frank McCourt. Uno de los pasajes más nobles de la obra, me dijo, se produce cuando el profesor detecta el enorme despliegue de creatividad de los estudiantes para mentir acerca de las causas por las cuales no cumplían con la tarea. Entonces les envía una tarea extraña: Redactar una justificación para un estudiante que no podría cumplir con una responsabilidad asignada. Y toda la clase le trajo relatos maravillosos.

El escritor y profesor irlandés-estadounidense “había descubierto que la emoción de la ficción es superior a la precisión de los datos…”, concluyó Iván.

Ahora que lo pienso, debí empezar este artículo con “había una vez…”.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR