BEHAVIORAL SCIENCE · COMPOL · COMPORTAMIENTO · COMUNICACIÓN

Política, estupidez y el espectáculo de la tribu

¿Por qué hay grupos de gente con altísimo potencial tomando decisiones colectivas malas?

¿Por qué cuestionar la compra de vehículos es un acto de discriminación?

¿Por qué personas inteligentes dejan de pensar críticamente y sólo hacen afirmaciones agresivas?

¿Por qué la apología de un delito es sólo tendencia en twitter?

¿Por qué subvertir el capital intelectual y defender una falsa isonomía de twitter o tiktok?

¿Por qué la defensa pública al delito contra el patrimonio no es sancionada?

¿Por qué aceptar las ausencias de reflexión, justificación o consecuencias futuras?

¿Por qué un atraso es culpa de la vaca o de la Secretaria?

¿Por qué recurrir a marchas o demostraciones de fuerza (que son sólo eso) y no resolver el verdadero problema?

Es más, ¿por qué líderes y movimientos prefieren marchar en lugar de proponer soluciones reales, pragmáticas y realizables?

¿Por qué preferir la conformidad y rechazar la innovación?

¿Por qué preferir el periodismo-champagne al periodismo?

¿Por qué invertir sus ahorros en un sistema de captación ilegal? ¿Por qué exigirle legalidad en el retorno a la inversión al sistema de captación ilegal?

¿Por que corregir la ortografía de un emisor establece superioridad moral para un receptor?

¿Por qué tomar decisiones basados en información totalizada en 280 caracteres?

¿Por qué hay tantas decisiones estúpidas?

En “The Stupidity Paradox. The Power and Pitfalls of Functional Stupidity at Work” (2016), Spicer y Alvesson concluyen que el cortoplacismo explica la estupidez de muchas organizaciones (públicas o privadas).

Muchas organizaciones, con individuos muy preparados e inteligentes, toman decisiones colectivas estúpidas.

¿No tiene talento pero muy buena moza? ¿Tiene buen cuerpo y es otra cosa?¿Muy poderosa en televisión?”, como canta Willie Colón.

Pedro Cuartango -autor de “Elogio de la quietud” (2020)- hablando con el ecosistema de conocimiento Ethic.es, dijo: “Cuando uno descubre el talento se queda muy sorprendido porque lo que vive en su entorno es la estupidez (en sentido filosófico), el culto a determinados valores materiales y superficiales, a la sociedad del espectáculo…

¿Muy poderosa en televisión?¿O en redes sociales?

Parte del asunto es cómo conseguimos información.

La neurociencia ha confirmado que el cerebro construye modelos mentales del mundo basado en la información sensorial que recibe. Para David Eagleman, en “Livewired” (2020), el cerebro desarrolla una estrategia de optimización de información.

Lo llama “infotropismo”.

Esta reacción cerebral a los estímulos informativos está calibrada por las experiencias y se aprehende en base a un modelo de objetivos y recompensas. (Disculpen la simplificación).

Por ejemplo: cuando usted es parte de una cámara de eco, y repite -sin racionalizar ni analizar- una argumentación torpe, recibe como recompensa status y pertenencia.

La estupidez genera más estupidez.

Por cierto, es grupal. No es una debilidad cognitiva individual.

Usted no es estúpido.

Usted (su cerebro) es propenso al sesgo de confirmación.

Usted falla al quitar la atención consciente de los argumentos discordantes con sus creencias preconcebidas.

Usted activa su centro cerebral de recompensas cuando escucha elogios a su político favorito (recomiendo leer el estudio de Drew Westen de Emory University al respecto).

Usted quiere ser parte de un grupo.

Por tanto, Usted retuitea. Rewhatssapea. Y es parte de la tribu.

Cualquier sistema social es susceptible al tribalismo.

Las redes sociales, las cámaras de eco, la teoría de espiral del silencio, el pensamiento grupal, los medios partisanos, refuerzan los flujos de información sesgados o estúpidos (en el sentido filosófico de Cuartango).

Para lograr una transformación sistémica necesitamos cambiar los actuales sistemas económicos, sociales, societales, culturales y ambientales. Necesitamos cambiar las relaciones que existen entre ellos. Y necesitamos entender que la naturaleza de esos problemas -desigualdad, migración, corrupción, educación, crisis climática- ha cambiado.

Para prosperar necesitamos aprender nuevas capacidades. Implicar más ciudadanos. Intentar entender mejor a los opuestos. Generar más alianzas y conexiones positivas. Re-contextualizar el deber-ser político. Re-aprender. Y superar la paradoja de la estupidez.