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BIOLOGIA & MARKETING

Reptil iluminado

Cómo la bombilla eléctrica y el teléfono móvil cambiaron su biología cerebral

“Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre”
- Marcel Proust

Durante milenios los seres humanos aprendimos a depender del sol para diferenciar el día de la noche. Si había luz, entonces era de día. Si no había luz, entonces era de noche.

Pero la masificación de la bombilla incandescente de Thomas Alva Edison generó un cambio importante. Porque el cerebro no distinguía -no distingue- la luz artificial de la luz natural.

La luz artificial cambia los patrones de sueño y el ritmo circadiano -ese reloj interno que regula el sueño, el hambre, hasta el metabolismo-.

La luz artificial permite trabajar hasta tarde en la noche. O farrear hasta la madrugada. De hecho, el formato de dormir ocho horas por la noche es relativamente nuevo. “Es un producto artificial de modernidad que surgió a finales del siglo XIX, principios del XX”, dice Roger Ekirch -profesor de historia de Virginia Tech.

Por tanto la pregunta es: ¿cómo y cuánto dormían antes de inventar la luz artificial?

Por centurias, la gente dormía en etapas. Dormía tres o cuatro horas; se levantaba alrededor de medianoche y desarrollaba un par de horas de actividades que no exigían mucha luz -rezar, meditar, fantasear, sexo-; dormían otras cuatro horas. Este patrón fue normal hasta finales del siglo XVII.

“Mi memoria es magnífica para olvidar”
- Robert Louis Stevenson

Por milenios, aprendimos a guardar información en la memoria. Números de teléfono, direcciones, poemas, fechas de aniversario o cumpleaños, idiomas.
Pero eso cambió.

Los nativos digitales tienen menos conexiones en la zona de gestión de la memoria del cerebro porque parte de esta función la han externalizado hacia los aparatos digitales”, dice David Bueno i Torrens, neurocientífico y autor de “Cerebroflexia”.

“Si persigues dos conejos, ambos escaparán”
- Anónimo

Volviendo al sueño, estudios determinan que un tercio de la población del planeta tienen problemas para dormir. Y la OMS considera los problemas de sueño como epidemia de salud pública.

¿Y la memoria? Pues el deterioro de las funciones cognitiva también es un problema de salud pública. Según la OMS, “afecta a nivel mundial a unos 50 millones de personas, de las cuales alrededor del 60% viven en países de ingresos bajos y medios. Cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos.”

Pero, ¿el sueño y la memoria están relacionados?

El sueño es crítico para la consolidación de la memoria. Durante el día vivimos experiencias y consumimos tanta información que -en algún momento- el cerebro debe seleccionar, filtrar y guardar… ¿guardarlo todo? Un imposible.

Es durante el sueño que se activa una hormona responsable de seleccionar las experiencias que vamos guardar y las que vamos a eliminar.

La ausencia de sueño compromete sustancialmente la capacidad neuronal y comportamental. En otras palabras, la falta de sueño afecta afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio.

Lo irónico es que ahora tenemos apps, en nuestros dispositivos móviles, para ayudarnos a dormir mejor o para mejorar la memoria.

Es para pensar, luego de una siesta.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR

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