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COMPORTAMIENTO · CEREBRO · EMOCIÓN

Las sociedades primitivas controlaban a sus miembros a través del miedo y la intimidación. Y las actuales… también.

En la Edad Media -por ejemplo-, la Santa Inquisición era un mecanismo de persuasión terrorífico en favor de la Iglesia. En la pos-modernidad, lo son las fake news en favor de políticos o gobiernos o marcas.

Vamos por partes. Toda decisión de compra es emocional. Ese primer impulso, es subjetivo. Aceptar una idea, votar un candidato o comprar unos jeans es un comportamiento primario y no racional.

Pero bueno, Usted no va a asustar a nadie para que compre algo. ¿O si?

La respuesta indirecta es que somos muy malos en la administración de riesgos. Si el miedo se aloja en nuestro cerebro reptiliano -dónde se alojan la reproducción y la supervivencia de la especie-, es connatural actuar con prudencia y exagerando incertidumbres.

¿Recuerda el cerebros triuno del neurocientífico Paul D. MacLean? En 1990 él dijo que teníamos tres cerebros en uno: reptiliano, límbico o emocional y racional.

Ante los tuits del coronavirus, su cerebro reptiliano encuentra patrones y levanta una alerta. Virus, mortandad, contagio… Siente miedo. Pero el miedo no es una buena solución en términos racionales. Por tanto busca información de posibles métodos de prevención en WhatsApp o redes. Lo impredecible se convierte en preciso. Se va a enfermar. Está en juego su supervivencia! Decide que usar mascarilla y gel hidroalcoholico son la solución. Sale a comprar, obedeciendo a su reptil y su cerebro límbico.

Pero en el camino escucha que lavarse la manos es más eficiente que comprar mascarillas y gel. Que hay que llevar una vida normal. Que los afectados son mayores de edad -en su mayoría-. Usted piensa: ¿cómo limitar el riesgo de contagio?

Entran en conflicto las estrategias de escalada/desescalada de los tres cerebros. Debe conciliar lo reptiliano (miedo/no-miedo) con la parte mamífera (comprar/no-comprar mascarilla) y la parte racional (lavarse la manos es mejor).

Su reptil puede más. Y compra muchas mascarillas y alcohol y gel. Muchas mascarillas. Mucho gel. Y manda mensajes de WhatsApp a los familiares pidiendo que compren.

Compra unas más -por si acaso-. Se agotan en el mercado y hace un nuevo post quejándose del gobierno y de las farmacéuticas.

Pasan los días. Usted se siente bien pero siguen los contagios.

Y hace nuevos posts.

Sólo que esta vez su equipo favorito podría jugar sin público. El partido es vital y el coronavirus es menos peligroso. Porque sus cerebros reptiliano y emocional le hacen notar que peor que el contagio es que Barcelona… juegue sin público.