SALUD MENTAL · REDES SOCIALES · IDENTIDAD

Sindemia de fake news, economía de identidad y salud mental

Un grupo de científicos cree que el COVID19 es una sindemia.

¿Sindemia?

Cuando dos o más epidemias concurren, agravando los síntomas.

La palabra fue acuñada por Merrill Singer en “Introduction to Syndemics” (2009) y es la unión de las palabras “sinergia” y “epidemia”.

Imagine el cóctel del COVID19, la salud mental y las condiciones del sistema de salud.

El confinamiento implicó aislamiento y distanciamiento físico y social. Este aislamiento incluyó disminución de la actividad física, contaminación informativa (de noticias y fake news), desasosiego, miedo, incertidumbre.

Síndrome de la Cabaña. Incremento de adicciones. Trastornos alimenticios. Cambios de humor. Ansiedad. Violencia intrafamiliar, maltrato y abusos.

Intentos de suicidios.

En abril, la OMS incluyó la salud mental en su guía para el manejo clínico del COVID19.

Luego, el encierro nos llevó a navegar más horas en internet.

De enero 2020 a enero 2021, en el mundo, se incremento un 27% el uso de redes sociales -según el informe “Digital 2021” de Hootsuite y We Are Social-.

Sobredosis de pantallas.

Pero estaba el miedo a mostrar -publicar- temas de salud mental.

Aun existe como tabú.

Usted -muy probablemente- no publicaría un post sobre su ansiedad o depresión.

Además Usted tiene la necesidad de mostrar una identidad construida.

¿La identidad perfecta?

Luego Usted sube un baile a TikTok.

Publica una foto sonreída en Instagram. Y en FaceBook.

Circula un chiste al grupo de WhatsAap.

¿Autoengaño?

En “Useful Delusions: The Power and Paradox of the Self-Deceiving Brain” (2021), Shankar Vedantam y Bill Mesler dicen que las mentiras que nos decimos a nosotros mismos mantienen nuestras interacciones cotidianas con amigos, parejas y compañeros de trabajo. Es paradójico.

¿Autoengaño inocuo?

En “Trick Mirror” (2019), Jia Tolentino sostiene que la estafa es el ethos de la generación millenials y que “a pesar de que nos hemos vuelto cada vez más tristes y desagradables en internet, el espejismo de un posible yo mejorado en la red ha seguido resultándonos atractivo”.

Por cierto, Zuckerberg describió FaceBook como “un espejo de los que existe en la vida real” (2005). Prefiero la definición de Brooking y Singer. “Es un espejo distorsionado -o, más bien, que nos distorsiona”.

Las redes son un espacio para la ilusión social.

¿Miles de amigos o miles de seguidores?

La tecnología permite crear, desde jóvenes, nuestros propios mitos. Y como escribe Kate Eichhorn en “The End of Forgetting: Growing Up with Social Media” (2015) curamos esos mitos sin editar el pasado. “El peligro potencial es la posibilidad de una niñez perpetua”.

¿En qué momento sus imágenes dejan de ser Usted?

Nathan Jurgenson, en “The Social Photo” (2019) dice que los selfies son “menos una foto precisa de mi este momento y en este lugar y son más… una representación visual de la idea de mi”.

Los relatos personales ficticios son una manera de escapismo.

Los relatos personales ficticios en las redes pueden complicar episodios psicóticos, engaños, psicopatologías (lo dice el estudio “Social media and its relationship with mood, self‐esteem and paranoia in psychosis” — 2018) .

Sobredosis de hiperrealidad digital con una representación visual de la idea que Usted tiene de si.

Persistente. Viral. Que aísla.

¿Y su salud mental?

Piense en esto: mientras más tiempo Usted dedica a las redes sociales, más tiempo está solo.

Como canta Zahara en Joker (2021):
“El que más roto está,
el que más triste está,
el más cabreado es el que más
necesita el abrazo”.