SALUD MENTAL · TOMA DE DECISIONES · PRODUCTIVIDAD · CEREBRO

Sobre la relación directa entre productividad y salud mental

Nuestra sociedad está construida sobre principios de productividad.

Repetición, reproducción, redundancia, estandarización, homologación.

Marcas que repiten procesos.

Alumnos que repiten lecciones.

Trabajadores que repiten tareas.

Especies que repiten sus sistemas genéticos para reflejar su entorno, adaptarse de manera óptima y sobrevivir eficientemente.

Neuronas que repiten experiencias para aprehender y aprender de ellas.

Es como un loop vital.

Su cerebro -de manera crónica- se ajusta neuronalmente para funcionar de manera automatizada. Así, Usted toma decisiones y acciones más rápidas y más eficientes (en términos de consumo de energía). Por eso sus sesgos mentales, heurísticas y atajos mentales, ruido cognitivo, rituales o hábitos.

Las acciones inconscientes son más rápidas que las deliberaciones conscientes, sostiene David Eagleman en “Livewired” (2020).

Pero, ¿qué pasa cuando la iteración es interrumpida?

¿Qué pasa cuando un acontecimiento cambia las condiciones del contexto?

Durante años Usted aprendió que podía salir a la calle y caminar libremente. Aprendió que debía cuidarse de quien cubría su cara en público. Aprendió a trabajar en una oficina. Y de pronto le pidieron que se quede en casa, use mascarilla y haga trabajo remoto.

El entorno cambió. Su rutina cambió. Y su cerebro cambió.

Su cerebro está diseñado para enfocarse en el cambio. La sorpresa, importa. La incertidumbre, preocupa. Su cerebro es un sistema dinámico, en constante alteración, para igualar las demandas del ambiente (y sobrevivir).

De hecho, Usted nace con un cerebro parcialmente programado -por usar una metáfora computacional-. Su experiencia con el mundo modula los detalles de su cerebro -desde escala molecular hasta toda su anatomía-.

Interactuar con el entorno es vital para el desarrollo normal de su cerebro.

Un niño que crece sin interacciones humanas no aprende a caminar, ni hablar, ni prosperar. Como pasó con Danielle Crocket.

Fue el 2005. La policía en Plant City (Florida, EE.UU.), llegó a inspeccionar una casa presumiblemente abandonada. Un vecino había reportado ver una niña en la ventana. Nunca habían visto a la niña salir de la casa. Y nunca habían visto a un adulto junto la niña.

Los oficiales tocaron la puerta. Tocaron varias veces. Una mujer les abrió, con desgano. Un policía le mostró una orden de allanamiento. Otro oficial empezó a recorrer la casa hasta que ambos llegaron a una pequeña habitación. En la habitación descubrieron, dentro de un oscuro armario, a una niña de casi siete años de edad. Se llamaba Danielle.

Danielle vivía como salvaje. Estaba salpicada de heces y las cucarachas paseaban sobre su cuerpo y el armario. Nunca había recibido afecto. Nunca había tenido una conversación. Nunca había salido de su habitación.

Danielle no sabía hablar. No sabía cómo interactuar con otro ser humano.

Un año después de ser descubierta no podía comer alimentos sólidos, ni descomer en un toilette. Y después de muchos exámenes físicos y psicológicos los especialistas pudieron determinar que tenía un desarrollo cerebral normal pero su condición se debía a la severa privación social.

Somos seres sociales. Interactuar con el entorno es vital para el desarrollo normal de su cerebro, sin importar su edad.

Pero… de pronto, a Usted le pidieron que se quede en casa, evite la compañía de otras personas, se cubra la cara con una mascarilla y haga trabajo remoto.

Su entorno, su rutina y su cerebro cambiaron.

Radicalmente.

El cambio fue estresante.

El miedo y la incertidumbre fueron las respuestas normales.

(Lo siguen siendo).

Ahora lo normal es anormal. Y viceversa. Esto genera un círculo vicioso de incertidumbre constante que exige mucha atención y desgaste de energía a su cerebro. Usted busca volver a lo conocido, a la estabilidad, al equilibrio; pero el entorno social, económico, societal, ambiental, pandémico, lo obliga a estar ajustando su comportamiento fisiológico o psicológico.

Por eso, luego de la pandemia del COVID19, la OMS y la OPS han declarado que vivimos una crisis de salud mental.

60% de las personas de Latinoamérica sufren de ansiedad o depresión, ha declarado la OPS.

La tasa de suicidios en Ecuador se ha incrementado, en el primer semestre del 2021, en 37% ha declarado el ECU911.

Los usuarios del app AnimaEC del Instituto de Neurociencias, por casos mixtos de ansiedad y depresión crecen (son más del 75.4%).

La segunda causa de discapacidad para el 2030 será la depresión, declaró la OMS el 2019.

La salud mental afecta directamente la productividad empresarial.

La buena salud mental, la potencia.

La mala salud mental, la limita.

Usted pensará “¿salud mental? eso no es tema para tratar en público. Es algo privado. Además estoy bien. Y en mi equipo están todos cuerdos, o sea, bien…

Según la OMS -citada por la revista Forbes- por cada dólar invertido en programas de prevención y mejoramiento de la salud mental de los colaboradores, se obtiene un retorno de 4 dólares.

Cada $ 1 invertido en el tratamiento de trastornos mentales genera $ 4 en mejora de la salud y la productividad.

Usted, ¿no cree que es un buen negocio?

La pregunta -por tanto- es, ¿Usted cómo accede a programas de salud mental?

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR