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Coincido con Fisher cuando sostiene que los hombres y mujeres somos -esencialmente- contadores de historias.

¿No eres lector? Acá puedes ver el video.

En la forma de un videojuego, una parodia, un brochure corporativo, un sermón o un regaño. Una historia está en la arenga para vendedores. En una Epifanía. En el teatro de sombras chinas o el baile del hula en Hawaii dónde los danzantes se mueven según las letras y no el beat. Historias como una canción, un poema de Benedetti, 30 segundos de publicidad, un post en Instagram e incluso -incluso- una mentira.

El mundo no está hecho de átomos, respondía una entrevista Galeano citando a la activista y poeta Muriel Rukeyser: “El mundo no está hecho de átomos, el mundo está hecho de historias.”

Las historias permiten convertir el pasado en presente, lo desconocido en familiar y lo invisible en visible. Como un credo o una promesa de beneficio comercial. Porque las historias cambian la estructura del cerebro al disparar neurotransmisores y estimular la memoria emocional. Aprendemos y nos comunicamos a través de historias.

Son las historias las que llevan el peso de la lección moral -como en las fábulas de Esopo-, las que proyectan las costumbres locales -como en los amorfinos montubios- o las que empujan (o disuaden) la venta de una marca.

De hecho, pensamos en narrativas. “Te da aaaalas” es el mundo narrativo de RedBull; como la magia es la de Disney y la felicidad es la de la gaseosa más vendida.

92% de los consumidores quieren que las marcas les cuenten historias. 86% ignoran la publicidad. Porque “la gente no compra productos, sino las historias que esos productos representan. Así como tampoco compran marcas, sino los mitos y arquetipos que estas marcas simbolizan”, dice Ashram Ramzy.

Estudios (f)MRI revelan que cuando leemos una historia nuestra actividad cerebral no es la de observador sino participante, dice Jonathan Gottschal en “The Storytelling Animal”. Y Lisa Cron, en “Story Genius” asegura que las “historias instilan significado directamente en nuestra sistema de creencias igual como una experiencia”.

Las historias construyen mitos fundacionales. Enseñan el bien del mal. Monopolizan las conversaciones.

Las historias entretienen. Evidencian mensajes. Permiten viajar sin moverse. Reafirman la memoria. Seducen amantes. Y enamoran consumidores.

Artículo originalmente publicado en diario El Universo

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR