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COMPORTAMIENTO HUMANO · CORONAVIRUS · MIEDO

Hace cuatro meses muy poca gente había escuchado del SARS-CoV-2, alias “coronavirus”. Muchos menos habrían predicho que miles de millones de personas -Usted y yo incluidos-, en el mundo mundial, haríamos un alto a todas las actividades.

En diciembre se encendió la alarma en Wuhan, China. Luego, como Blitzkrieg biológico, el Covid-19 se regó por el Planeta.

Y llegó el día cuando el #quédateencasa fue la mejor opción para disminuir el ratio de propagación de la pandemia.

Hace 14 días ya estoy en cuarentena. Desconozco cuánto más se prolongará el aislamiento. Aun se testean posibles vacunas. Pero incluso con una máxima eficiencia el virus va a persistir en algún lugar. Siempre existirá la posibilidad que alguien vuelva a encender la chispa de un nuevo contagio -la peste azotó Europa por más de 400 años-.

Frente a esas incertidumbres, unas certezas.

La economía local y mundial experimentan un choque inesperado y severo. Incalculado aun. Y si bien algunas marcas locales e internacionales han actuado rápidamente, adaptando los negocios a una nueva realidad de teletrabajo y más antropocéntrica, esta no es la norma.

El estado de ánimo de la gente -el suyo, de sus amigos, vecinos, contertulios- se mueve entre el miedo y la pena. Y contagia a la sociedad, que se siente igual de vulnerable.

Y el miedo es amplificado con el bombardeo de mensajes negativos y fake news en redes sociales; con la falta de información oficial consistente y con el exceso de politización de la crisis.

Y el incremento de la percepción de vulnerabilidad despierta altos niveles de etnocentrismo e intolerancia regional.

Siendo seres sociales, la mejor respuesta ha sido el aislamiento -que me niego llamarlo “aislamiento social”-. Es un aislamiento corpóreo. En momentos de terror e incertidumbre hemos cortado el contacto humano y lo que parecía normal -abrazo, apretón de manos y otros rituales sociales- ahora son amenazas.

Alguna gente en Wuhan se rehusa salir de casa y han desarrollado agorafobia, reporta Steven Taylor de la Universidad de British Columbia.

Para un antropólogo-prehistoriador-arqueólogo español, esta crisis es más que sanitaria, más que global. Es una crisis de la especie humana.

Es como una guerra, dicen unos. Una conspiración, dicen otros. Es una pandemia y es un catalizador de cambios sociales.

Lo vamos a superar.

Ahora, cuando el aislamiento corpóreo reduzca las probabilidades de contagio del COVID-19 y enfrentemos nuestros miedos y volvamos a salir al mundo, ¿habremos aprendido algo?