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POLÍTICA · COMPORTAMIENTO

Imagine por un instante que Usted -desde su ciudadanía- decide postular su idea para el país. Imagine que no acepta la imposición ni de candidatos ni de soluciones modeladas en las oficinas de campaña de los candidatos. Imagine que Usted, frente al espejo, esta mañana se dice: “Yo, presidente”.

La pandemia generó cambios de hábitos de consumo. Y los hábitos cambiaron porque cambiaron las creencias. Sin embargo, más de un (presunto) candidato ha dicho que es “hora de hacer política diferente” -palabras más, palabras menos-; cuando la frase es epítome de la misma política.

¿Desde la política hacer política diferente?

Yo, presidente” es un concepto. Busco concienciar la responsabilidad cívica que todos tenemos. Y al hacerlo, conectar su realidad con la ficción de asesores, amigos e inversionistas de campañas.

Yo (su nombre), presidente”, es implicarse públicamente en las decisiones políticas. Y por definición, es trasladar la atención electoral de las personas a los temas.

En esta era pre-electoral, hablemos menos de candidatos y más de problemas y soluciones. Hablemos de salud y economía y… ¿qué más?

Luego algunos candidatos, funcionarios o medios tratarán de hacernos creer que la vida es hobbesiana. Difundirán la visión de una sociedad amenazada… por los otros candidatos. Difundirán la idea de necesitar la fuerza y la unión para protegernos de las hordas de esos señores.

Geoffrey Cohen, profesor de psicología, dice que “la ciencia confirma que la vida no es hobbessiana”. Que la visión de Thomas Hobbes sobre la guerra y el caos como el estado natural del hombre no es cierta.

Si bien el miedo es un medio -y un mensaje-, la pandemia demostró que la colaboración funciona. Que el miedo no es tan buen motivador (de acciones) como la confianza. Que la gente respeta y cumple la ley cuando cree que la autoridad es legítima. En palabras de Tom Taylor (Princeton), el mayor contribuyente a una sociedad sana es la confianza.

Atención: el miedo y la incertidumbre que algunos candidatos promueven influye en el entorno, enerva la confianza (y la legitimidad) y distrae la atención de lo importante.

Lo importante: ¿qué le preocupa a Usted?

¿Qué pasa con salud, empleo, educación? ¿desarrollo sostenible? ¿el planeta? ¿su familia?

Basta de excusas, no más slogans, vamos a cambiar esto de verdad.

Lo invito a que tome la sartén por el mango y que, esta mañana, frente al espejo, con confianza, diga: “Yo (su nombre), presidente”.

¿Desde estas líneas “hacer política diferente”?

Como me comentó Edú: este texto “parece de candidato viejo, acartonado... Citar referentes de política famosos es alejarnos mucho del -yo presidente-…”

Mi silencio a su comentario debió preocupar a Contreras. Luego dijo “…obviamente no es una joda… el algún momento va a bajar a meme…

“¿Qué pasa si “Yo, presidente”, también evidencia que hay organizaciones que tienen un importante número de personas que no pueden participar (en política)…”, comentó Edú. “Si tengo 100 mil personas que siguen mi ideología, ¿puedo ser candidato a presidente?”

Este cuestionamiento abre otras mil preguntas: ¿Por qué partidos políticos con pocos seguidores siguen participando en el mercado electoral?

¿Por qué un gobierno -en funciones- sugiere una candidatura con un discurso de cambio?

¿Por qué nos preocupan más los candidatos -como si fuese concurso de popularidad-?

¿Por qué gente valiosa -como usted- no se involucra?

¿Por qué quienes dicen querer cambiar la política lo quieren hacer desde dentro de esa política que quieren cambiar?

¿Qué es “hacer política diferente”?

¿Por qué la idea no nace de una raíz diferente? ¿Por qué no de un ciudadano -como usted-?

¿Por qué, esta mañana, o en cualquier momento del día, usted, frente al espejo, no se mira y dice: “Yo, (su nombre) presidente”?

Eso cambiaría las cosas.

¿Por qué pensamos en nombres y no en temas?

Como dice Byung-Chul Han, hemos construido una sociedad de supervivencia.

Dejamos de vivir para sobrevivir.

En ese contexto de miedo, los políticos ofrecen la ilusión de seguridad (exacerbando los riesgos y planteándose como únicos salvadores-héroes). Pero la historia ha demostrado que funcionarios, candidatos, influencers y medios manipulan nuestro enfoque.

¿Por qué concentramos la atención en un candidato? ¿por qué tememos el potencial riesgo la otredad?

Pues cambiemos la dinámica de la narrativa. Pensemos en personas.

En usted.

Esta mañana enfóquese en usted. Imagine que Usted, frente al espejo, esta mañana se dice: “Yo, presidente”.

Eso cambiaría las cosas.

COMUNICADOR · ESTRATEGA · ESCRITOR